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Basta de espejitos de colores.

(Enviado por Sangre Roja el 20/01/2008)


Por Pablo Vignola

Año nuevo ¿vida nueva? Hace mucho tiempo que los hinchas de Independiente están esperando, de una vez por todas, que los dirigentes de turno se pongan los pantalones largos para guiar al club de regreso al camino de prestigio que supo recorrer en otros tiempos.
Y no hace falta, para ello, dejar de lado otros asuntos prioritarios que hacen al saneamiento de la institución y a su progreso en cuanto a infraestructura y servicios.
Independiente nació como un club de fútbol y, desde la pasión que desató en los campos de juego con equipos que respetaron un estilo personal, exquisito y exitoso, forjó a los millones de simpatizantes que adoptaron su color rojo como parte de la identidad.
Las explicaciones con que en la actualidad se intenta justificar la mediocridad y el fracaso son inaceptables. Que el club no estaba bien económicamente ya no es secreto para nadie, pero desde esa excusa nadie puede aceptar argumentos que mitiguen la incapacidad para elegir y resolver.
Independiente eligió honrar sus deudas, remodelar el estadio y ordenar sus finanzas. Y aunque se pueda aceptar eso como prioridad de la dirigencia, no se puede admitir como razón de la decadencia deportiva que otra vez coronó la actuación de un equipo que, pese a todo, logró ilusionar con su paso de líder durante más de medio torneo.
Porque la austeridad no fue la causa de esta nueva decepción. Independiente gastó y gastó mucho dinero en sus últimas elecciones de refuerzos. Pero como lo viene haciendo desde hace rato, se equivocó.
Otros clubes, con menos, encontraron mejores resultados. Arsenal, campeón Sudamericano, fue en busca de Cristian Díaz como lateral; Independiente sumó a Moreira. Arsenal contrató a Mosquera, Independiente a Rodríguez. Arsenal a Calderón, Independiente a Moreno. Y ninguno fue barato. Por Damián Luna, en su momento, se pagaron 800.000 dólares aunque no se sabe bien a quien. Es decir, dinero se gastó y se seguirá gastando, el tema es qué jugadores.
Hace algunos años, las comisiones directivas tenían una subcomisión de fútbol integrada por dirigentes que conocían mucho del tema. Veían las divisionales de ascenso, el fútbol internacional y tenían relaciones con gente que mamaba del tema. Y que no sabía tanto, se asesoraba con gente idónea. Hoy, eso ya no ocurre. Los que asesoran en la actualidad o no tienen idea o están en la joda, de lo contrario no se puede entender que Independiente se equivoque tanto.
A menudo escuchamos otra excusa: “No es fácil ponerse la camiseta de Independiente, te pesan las piernas...” Y puede ser. Pero siempre fue así. Y, en otras épocas, llegaban jugadores que terminaban siendo campeones y líderes. No nos engañemos más: un defensor que no sabe cabecear, no lo hace bien ni en Independiente ni la quinta de su tío. Y las condiciones técnicas no son un secreto; no es una lotería acertar en la elección de un futbolista.
Además, también está el cuidado personal y el esfuerzo y la actitud de cada uno a favor de progresar. Denis, cuando llegó a Independiente, estaba varios kilos arriba del ideal para un profesional. Y se preocupó por mejorar física y mentalmente. Otros, cuando llegan a un club grande, se abandonan. Y ese, también es un error del que conduce.
Basta de echarle la culpa a los técnicos que pasan por el club. Todos son empleados y no tienen autoridad como para incorporar lo que se les antoje; debe existir un control de parte de los que integran la subcomisión de fútbol que deberían estar medianamente capacitados o asesorados para cumplir con decencia su función.
Basta de echarle la culpa a otros empleados que le ponen la cara a los momentos: Santoro, Ferreiro, Bertoni o el que pase ese día para tratar de colaborar.
Es hora de asumir errores para corregirlos. Si no reconocemos el mal jamás lo vamos a poder corregir. Es lo mismo que ocurre con las enfermedades: si no sabemos qué tenemos no sabremos qué remedio tomar.
Basta de echarle la culpa a los árbitros. Esa es una reacción de mentalidad chica, de los que prefieren analizar un árbol y no pueden ver el bosque.
Para recuperar grandeza hay que pensar a lo grande. Saber que se pueden hacer todas las cosas bien. Que hay que sacar del camino a los que no sirven o a los que empañan nuestras buenas intenciones (si es que las tenemos). Si personajes nefastos del pasado siguen ligado a las decisiones importantes del club nadie va a creer en que se busca un cambio. Todo suma. El mar no es más que un montón de gotas de agua unidas.
Basta de espejitos de colores. Los hinchas de Independiente disfrutaron de un club que se hizo grande desde la seriedad con que muchos se dedicaron al fútbol, su actividad más importante. La soberbia, el orgullo, los intereses personales y otras miserias no ayudan a la recuperación de la esencia de un club que no es grande porque su gente llena la cancha aunque el equipo sea un desastre (esa es una mentira que a muchos le hicieron creer). El club es grande porque su gente llenó la cancha cada vez que en e terreno hubo un equipo que la representó fielmente y con hidalguía, y eso ocurría a menudo.
Ojalá la luz que atraviese las copas con que brinden los que tienen la responsabilidad de conducir los destinos del club ilumine su mente y les haga ver con claridad cuál es el camino correcto. Del otro, no se vuelve nunca.

Pablo Vignola es periodista de Diario Popular.




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